SUICIDAL NOTE

No. No me he vuelto emo, sólo que hoy la ide sonaba tentadora (y muy, muy lejana) en mi cabeza. Era tentadora por eso, porque era lejana. Porque sabía que no iba a ocurrir.
Ay… ayer. ¿Impotencia? ¿estupidez? ¿tristeza? ¿confusión? Silencio… mézclalo. Bátelo bien e inyectámelo en las venas.
Las lágrimas, primero de rabia, luego de decepción, intentaron por todos los medios salir, recorrerme la cara. Pintarla de surcos húmedos. La ausencia, y por fin la soledad, fueron su llave… y se abrieron paso mundo afuera. Qué rápido nacen las lágrimas. Más deprisa aún conocen su fin.
Cuando me hallé en el lugar idóneo, en la situación perfecta, deje de intentar retenerlas.

Fue un alivio. Jamás imaginé que lo necesitase de aquel modo… llevaba siglos sin llorar.
Todo cuesta abajo.

Últimamente Peter está muy presente en mi vida. Siempre quise ser como él, no crecer… ser pequeña eternamente.
Esta sería la única forma. Morir sin haber crecido, sin llegar a ser mayor. Morir cuando el más banal de los problemas es la más trágica desgracia. Cuando una pequeña decepción te corroe y te hace apretar la cara contra la almohada para ahogar el grito que pugna por salir, golpear el aire con puños cargados de furia. Furia que aumenta ante el fracaso de dañarlo… tonterías. Dañar el aire, a quién se le ocurre ¿verdad?
A una cría se le ocurre. A una Peter Pan frustrada con mejillas húmedas. Una Niña Perdida de ojos llorosos.
Sólo veo mi aún presente infancia en estos momentos.
Reconozco que es un respiro, a pesar de que cada vez me ocurre menos… y no es agradable, saber que todavía queda tanto de la niña que fui. Que soy.

Da igual. Da lo mismo. Te da igual y lo mismo te da. Siempre es mentira, pero siempre es lo que creo.

Sin tí las emociones de hoy no serían más que la piel muerta de las de ayer.

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