Y los labios carmín, que susurran incoherencias en tu oido
Se que te debo un e-mail.
Te escribí una carta. Sigue ahí, cerrada y caducada, con la dirección puesta. Me falta tu código postal, el que prometiste revelarme con una breve llamada telefónica que aún espero.
Hice una foto a mi ventana para enviártela, y ahí está, confinada en mi escritorio dentro de un sobre incompleto.
Debería escribirte. Mejor haría llamándote. ¿Te imaginas que voy a San Sebastián y te doy un abrazo?
Cuando me enamore de tí, lo haré. Prometido.
Ayer, mientras caminaba hacia el metro me acordé de tí y tu pánico. ¿Recuerdas? El primer viaje… el mejor. Ojalá hubiésemos estado enamorados entonces. Tal vez no hubiese sido tan mágico el detalle, porque habría una sombra demasiado espesa eclipsándolo. Aún así, habría sido bonito ¿no es cierto?
Toda una aventura.
Aún pienso en tu piel aspera. Esa que acaricia suave y firme. Nunca me pareció especial. No es diferente… pero es tuya.
¡No! No te echo de menos. Y tampoco entiendo por qué lo retomo.
No… no es envidia. Ni tampoco son celos.
Sólo se que entonces lamentaba que tu pelo no fuese más rizado, y tu piel más morena. Maldecía tus ojos claros. Que luz insulsa me arrastraba allí adentro, aunque nunca quise ir. Y todos los besos vacíos. Los bacios vacíos.
Tan vacíos que los añoro sin saber muy bien por qué. Nunca fue amor.
Detestaba tus palabras, el acento y la pronunciación suave. Sobre todo cuando me reía de tus chistes.
Cuando me enamore, te echaré de menos.
Sería diferente a estas alturas. Si no te hubieses empeñado tanto en distinguir el vaso medio lleno del medio vacío…
Porque todo está vacío ¿lo sabías?
¿Qué más da?
Añoro tu sonrisa cálida. Pero no me gustaría verla regresar, y que la culpa vuelva a atormentarme. Tú y tus dientes perfectos que nunca despertaron realmente mi interés. Jamás pensé en ellos si no los tenía delante. Y ahora te escribo esto, sin esperar que lo leas. Y ahora pienso en tí cuando estás a kilómetros de distancía, pintando seguramente. Tal vez inventes un poema para mis manos, o compongas una oda a mi voz.
Es injusto.
No sabes cuanto lo siento.
Y no, no puedo regresar…
Soñé contigo la otra noche. Volvíamos a estar bajo el sol abrasador de Junio, deseando la lluvia. Anhelándola en vano. El cielo era impecablemente azul. La tierra, estúpidamente rojiza. La hierba reseca y pisoteada. Sin pájaros, sin brisa que arrastrase el polvo cansado. Polvo aburrido de su estático estado.
Vaya con la brisa, qué desconsiderada.
Cuando me enamore y vaya a San Sebastián a darte tu abrazo prometido, me invitarás a chocolate caliente. Sí, seguramente hablaremos durante horas de nada demasiado interesante. Me peinarás la ceja izquierda, la rebelde, y comentarás lo roja que se ha puesto mi nariz con el frío. Todo sin dejar de sonreír. Será una sonrisa tensa. Pero tensa por la emoción, no por el esfuerzo.
No pasará sin que me enseñes los miles de dibujos de un rostro poco agraciado, de ojos pequeños y pelo castaño, que has estado haciendo, o todos los versos que te han ispirado los recuerdos de nuestros momentos fugaces. Todo ello guardado con cuidado en tu carpeta verde. La carpeta del artista, como solía llamarla en los ya lejanos momentos en los que los dos sonreíamos a menudo.
Café con leche y periódicos en aquel bar de la esquina donde ibas a parir obras de arte. Nunca te dije que tuvieses talento. No hacía falta. Me gustaba y lo sabías, pero nunca fue suficiente. Decías que mis labios te inspirarían si tuviesen color. Mmm… boca incolora. Eran chiquilladas. Los dos teníamos claro que si hubieses necesitado inspiración, la habrías buscado ahí precisamente. Bajo mi lengua, o en el hueco de una muela. Sumergida en mi saliva dulce o arriba, escondida en mi paladar.
¿A que ya no piensas en la rosa que compramos a la rumana de la falda gris? Aún esta dentro de Opiniones de un payaso. Se marchitó esperando. Al parecer, todavía huele algo…
Eso dicen.
Siento engañarte y mentirte. Mi naturaleza cosagrada a la farándula y el espectáculo me obliga a ello. Jamás iré a San Sebastián. Nunca me enamoraré. Y menos de tí.