El caos vivia dentro de una caja de zapatos. Me gustaba ir desliando la madeja, poco a poco. Con tiento, con tacto. Con mucho, mucho cuidado. Comprenderlo necesitaba mucha atención, demasiado tiempo. Pensaba que valía la pena, al fin y al cabo, lo estaba consiguiendo.

Un día, hastiada, volqué la caja de zapatos, y me sumergí en el caos.

Escribe un comentario