Del río…

Posteado en General sobre Febrero 19, 2009 por traposucio

Me recreo en recuerdos ajenos cubiertos de polvo y me maravillo de lo bien que te reconozco en ellos. Viejas fotos descoloridas por el paso del tiempo, libros de hojas deformadas por cuyas palabras tu vista se paseó tranquila. Ropa que cubrió tu piel y se desterró a este armario que ya nadie abre nunca. Estas mismas paredes que me observan, te cobijaron a ti tiempo atrás. Y el ruido que mis pisadas le arrancan al suelo, es el mismo que tú escuchabas al caminar sobre las mismas teselas del suelo en mosaico, solo que veinte años más joven.
Me tranquiliza pensar que estás aquí, que no te pierdo. Me acaricia tu presencia, que sigue viva a través de este baúl de trastos. He acariciado el polvo que te protegía, he respirado tu aroma en las prendas y notado tu esencia al leer las páginas amarillentas de los libros que no te llevaste. He suspirado tranquila cuando he visto tu rostro en cada retrato y tu forma de ver el mundo en todas las fotos que hiciste.
Me miro en el espejo del fondo, sentada en tu cama, y te veo allí, en mi reflejo.
Resulta muy fácil imaginarte en esta misma postura, con este mismo gesto, mirando en esta misma dirección.

 

 

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Todavía les tengo tirria a los botones y me asustan los ruidos extraños que mi imaginación se inventa en la oscuridad. Aún tengo cosquillas y robo bombones cuando nadie mira, aunque ya no me salga de la línea al dibujar.

 

Siempre ahí, siempre dulce.
Las lluvias y los besos que te he tenido cerca.

Los chillidos, las carcajadas que te he robado a punta de lápiz.

Las sonrisas, llantos y enfurruñes en que acabó el juego sucio.

Y las voces juntas…

La primera vez que viste el mar, me cogiste de la mano y me miraste asustada esperando una sonrisa tranquilizadora. Yo, procuré complacerte.

Imaginada

Posteado en General sobre Febrero 8, 2009 por traposucio

Cuando un despojo de felicidad asomó entre tus labios tontamente, queriendo ser sonrisa.

Y cuando empezaste a manipular los resortes necesarios para que mi euforia hiciera lo propio.

Entonces sentí (por primera vez sin cerrar los ojos) que el suelo se desvanecía. Y la basta superficie del humedal se deshacía entre mis piernas, empapándolo todo.

 

 

Euforia privada, pero contagiosa.

Privada porque sólo yo guardo, en secreto, el motivo del entusiasmo. Contagiosa por la sonrisa que me imprime, y las lágrimas que me enjuaga.

 

 

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 “Las personas que no han estudiado la cuestión se exponen a dejarse inducir en error”

 

Lord Raglan

 

 

Economía de imaginación

Posteado en General sobre Enero 11, 2009 por traposucio

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- Deja de mirarme así, no lo soporto.
Y seguían tus pinceladas bañando el lienzo.
Tu sonrisa impecable y mi aire exasperado. Manos bailando con la luz, jugando con las sombras.
Empápame de colores, arráncame la blusa, déjate llevar.

Cuando olvidemos lo sucio que está el suelo, la puerta abierta de par en par y la ausencia de cortinas, el polvo se posará suave y lento sobre nuestra piel. Alaridos, lluvia, mar.
Los labios entreabiertos exhalando perfume a fresa y los párpados pesados, pestañas temblorosas.

Bebamos té helado que te escarche la garganta. Que tus besos sepan a miel. Bailemos un vals sobre la lluvia y bajemos al ático.

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Lucubra

Posteado en General sobre Enero 11, 2009 por traposucio

Es perderse. De súbito, acordarse.
Dulce y húmeda.
Peor que cualquier mujer, más terrible que cualquier dolor.
Suave caricia, sedosa aún tersa.

Llórame en el hombro.

Posteado en General sobre Enero 11, 2009 por traposucio

Un merecido saneamiento merecía el Traposucio.
Trataré de revitalizarlo un poco cuando acabe con los exámenes.
Las vacaciones siempre sientan bien.

Cuando vuelvas a abrir los ojos, probablemente no esté esperándote.
Puedes exhalar mi nombre, de entre tus labios húmedos. Pero me habré marchado.
Paso rápido, mirada inquieta. Búscame, llórame, grítame. Corre y suda tras de mí. Pero todo será en vano.
Y cuando la última gota de sudor te impregne las papilas de salado, derramarás mares pensando en el retazo final de la sombra que desapareció tras la esquina.

Recuerdo cuando decía que la Times New Roman me inspiraba…

Posteado en General sobre Diciembre 16, 2008 por traposucio

Se agachó para atarse el cordón del zapato y descubrió un nuevo arañazo en su superficie de cuero, uno que no había visto antes. Se lamió la yema del dedo para pasarla por encima del surco superficial que observaba, por si acaso era solo suciedad. Pero no. Los zapatos habían andado kilómetros, estaban ajados y estropeados. Donde el material no se desconchaba y caía a trozos, las rozaduras desgraciaban la vista. Los cordones estaban tan deshilachados que temía apretarlos demasiado por miedo a terminar con ellos de una vez.

 

Esta luz, dijo, le recordaba a aquellas mañanas retozando con Max en el sofá. Hacía mucho, cuando sus mejillas aún poseían la tierna propiedad de sonrosarse de emoción (y no rubor, que aquello seguía acompañándola).

 

No sé por qué, pero sonrío ampliamente de cara al sol. Luego, cuando extendió los brazos, pude divagar acerca de la razón de su sonrisa. Era bella. La sonrisa, digo. Las comisuras se curvaban impecablemente hacia arriba y los labios carnosos dejaban entrever un brillo tenue intentando escapar de su boca. Su voz cantaba emocionada cuando habló. Aunque no dijo más que una frase mientras sus dedos caminaban por mi antebrazo. “Esta luz… me recuerda a las mañanas que me acurrucaba junto a Max en su casa, en el sofá”.

 

Después de que se pusiese el sombrero y se diese la vuelta, la miré caminar unos metros, me di la vuelta y le pregunté al sabor del café si la volvería a ver. “Bien sûr” habría sido una buena respuesta.

 

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Prologo.

Posteado en General sobre Octubre 13, 2008 por traposucio

Piel marmórea. Pies lentos.

Silencio.
Un, dos y tu boca de labios tiernos.

Sonrisa vacilante, abrazo seguro. Me gusta tu voz.

Me gusta gustarte.

 

24

Posteado en General sobre Septiembre 28, 2008 por traposucio

Oscuridad con tus ojos en mi nuca. Sólo el leve resplandor de un fósforo vacilante frente a mi oreja izquierda y la mano insegura que tantea mi hombro. Mano cuya muñeca apenas llego a intuir.
¿Dónde te escondes, música?
Estoy aquí, detrás de ti. ¿Acaso no me sientes?
Un mero soplo de aire fresco flota entre los mechones de pelo más largos, que sabe a miel entre mis párpados. Y la lluvia, que debería golpear los cristales, los atraviesa limpiamente. Mr. Dalloway espera tras la puerta a ser atendido, y no hago más que preguntarme a qué se debe el cosquilleo que adivino entre los dedos de mis pies.
Uno tras otro, los placeres van muriendo y encuentro el camino tembloroso entre ruegos y preguntas que me hacen anhelar una respuesta, sólo para añorar la antigua duda cuando ésta se resuelve. Estrías de sabores que sucumben al sueño y no me dejan pensar con claridad, nublan mis sentidos, y la neblina esta tan al fondo, que apenas puedo oír mi propio parpadeo.
(Decidida, con nota de dolor en voz). Vete, música. Ya no te quiero.
Se dio la vuelta. La mano, soltó mi hombro. Cabizbaja (comprendí) cerró la puerta al salir.

“Tal vez París me inspire”

Posteado en General sobre Septiembre 25, 2008 por traposucio

Primer intento de escribir algo. Error.

Es para pasar el rato, es un mientras tanto, y eso es una falta de respeto a la literatura (¡ja!), a mi cuaderno, a París.

No se que esribir, y jamás debería mancillarse una hoja cuadriculada con la tinta fea de un Bic cristal si no se sabe que se va a decir.

“Tal vez París me inspire.” pensé cuando metí el puñado de hojas en mi mochila multiusos (equipaje de mano en esta ocasión). El fallo es que aún estoy lejos del influjo romántico y el espíritu bohemio de la capital francesa. Suspendida a unos cuantos quilómetros en el aire. No llego, no respiro, no me inspiro.

Fuck forever en mis oídos y yo pensando en comer. Nisiquiera voy a volver a leer esto nunca más en toda mi vida, porque no digo nada y escribo y escribo sin conclusiones ni reflexiones.

 

Estás lejos… más lejos que nunca desde entonces. Y eso no duele, porque podrías estar justo detrás y si no te toco, me vale lo mismo. “Deja de malgastar esfuerzos en vano, amor”.

 

 

Fíjate.

Sigo escribiendo y escribiendo sin decir nada. Y he vuelto a leerlo.

Casualidades de la vida.

 

He desayunado sonriente un gofre cubierto de chocolate que había comprado ayer en una tienda de chinos. Luz por la ventana, música de fondo… sensación de hogar, medias verdades y felicidad a medias.

Rastree todas las calles. Enredé por los cajones.

Me he quedado sin argumento.

Historias beodas.

Posteado en General sobre Junio 9, 2008 por traposucio

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HISTORIAS BEODAS

 

Joaquín Anastasio

 

Galende era de un pueblo minero pero quería ser marino y filósofo. Era mi compañero de pupitre en mis últimos años de instituto a mediados de los setenta en una ciudad castellana. Era el primer asturiano que yo conocía y lo más parecido a un hippy que hubiera visto hasta entonces. Los dos nos pirábamos la última hora de clase por la tarde para irnos a escuchar a los Rolling Stones en las máquinas de música de algunos bares marchosillos cerca de la plaza. “It’s only rock and roll, but I like it”, canturreaba Galende apoyado en la barra del bar en un ingles primitivo pero de aceptable aire ‘jaggeriano’. Bebíamos cerveza pero él añoraba la sidra. El me puso al corriente de que la sidra tenía muy poco o nada que ver con aquello que tomaban en mi casa por Navidad. Y que se trataba de un caldo tan especial que no soportaba el exilio, que perdía su cuerpo y su alma en cuanto cruzaba el Puerto de Pajares. “En la meseta no la vas tomar  nunca. Si quieres probarla tienes que venirte a Asturias”, me decía como si me hablara desde su propia tierra. Como para darle la razón le conté que en la carretera a mi pueblo había n bar que se llamaba “El Chigre” y cuyas especialidades eran… la tortilla de patata y las jarras de cerveza con gaseosa.

El barrio gótico barcelonés acogía con asombro los viernes por la noche a una multitud de estudiantes ociosos, proletarios sin revolución, oficinistas liberados y el más variado lúmpen de la época empeñados todos en emprender una loca carrera hacia la borrachera que casi siempre acaba en meta. Probé por primera vez la sidra una de esas torcidas noches de la Barcelona postfranquista en que la gente se situaba en algunos de estos  dos grupos irreconciliables: los partidarios de “On the road”, y los irredentos de “El lobo estepario”. Fue en un bar de la calle Ancha cuyo suelo daba una idea de la impericia escanciadora de sus clientes. Brindé con mi primer culín a la salud de Galende y no pude evitar una cierta sensación de traición. Aquel trago debía haberlo tomado con él en algún chigre asturiano. Me pregunté si aquellas botellas sin etiqueta habrían sido capaces de resguardar en el exilio catalán las esencias de las que me habló mi amigo. En todo caso, la noche no estaba ya para exquisiteces.

Algunos años más tarde, en mi primera visita a Asturias, la pista de Galende había desparecido por completo. Crucé su pueblo por carretera y recordé los años del instituto. Ese mismo día, junto a otros asturianos de buen tomar, comprobé por fin, y sin reservas, las delicias del caldo manzanero que Galende añoraba aquellas tardes de novillos escuchando a los Rolling Stones.

 

Madrid, junio de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

Posteado en General sobre Mayo 29, 2008 por traposucio

T alargó la mano y rozó las pestañas de S con el borde de las uñas, como cazando una lágrima que ninguna de las dos podía ver.
S sonrió, pero no pudo evitar pestañear.
T le ofreció.
¿Café?
No, no es café.
¿Qué es?
No es nada.
Entonces… ¿quieres?
Sí.
Vale.
S bebió con ganas y le devolvió el vaso, ahora semivacío de nada, a T.
T suspiró, y S también lo hizo.
Aquí empezó la guerra de suspiros. A ver quién con más fuerza, a ver quién con menos ánimos. A ver qué puñado de soplo olía más a melancolía y cual era más terciopeloso.
No T, será terciopeludo.
¿Terciopeludo?
Sí.
Qué más da.
Tenía S una pelusa en la solapa de la chaqueta, pero T quería robarle las pecas a besos y no se fijó en ella. S tampoco la vio. Las dos absortas en sus vientos nostálgicos y con la cabeza enterrada en las dunas, no sabían pensar en rosa.
J le había dicho una vez a T que debía ver la vida en rosa, y aquella no había podido más que reírse de esa estúpida expresión, que le pareció la más absurda jamás pronunciada porque a ella no le gustaba nada el color rosa. Mi vagina es rosa. Había dicho. Qué estupidez.

Ojo marrón miró zapato púrpura.
Zapato púrpura permaneció inmovil. Aunque ojo marrón no lo vio, ojo verde miró a hombro derecho y cuello. Ojo marrón siguió vigilando el zapato púrpura. Ojo verde bajó al pecho izquierdo con camiseta azul.
Ojo marrón no lloraba. T miraba aún el zapato quieto.
Ojo verde miró las manos de uñas mordidas.
Zapato, zapato, zapato. Verde a marrón.
Ojo verde miró a ojo marrón y entonces T se percató.
S, no puedo más.
Yo no quiero más.

SUSTANTIVO VERBAL

Posteado en General sobre Marzo 26, 2008 por traposucio

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El señor Verbal se despertó temprano aquella mañana. Sus alpargtas no estaban donde recordaba haberlas dejado la noche anterior, y esto le desconcertó un tanto. Se levantó sonriente de la cama y abrió la ventana. El aire fresco de la mañana le golpeó cual bofetada en la cara.

Se acarició reflexivo el bigote, preguntándose donde estarían sus zapatillas de franela. Alzó la pierna derecha, vestida con pijama de rayas verticales blancas y azules y colocó su pie desnudo sobre el helado marco de aluminio de la ventana. Su otra extremidad inferior hizo lo propio, y aún sonriente y confundido, el señor Sustantivo Verbal se arrojó al vacío.

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No había conseguido domar sus rizos, iba penosamente maquillada y la americana le estaba un poco justa, pero ese no era el motivo de su nerviosismo. Era su primer día en el nuevo puesto de trabajo que le habían asignado. Sin embargo le alivió el aspecto divertido que tenía su primer cliente, un señor calvo y con bigote que tenía un enorme chichón en la frente. Curiosamente, iba descalzo.

- Buenos días, señor. ¿En qué puedo ayudarle?

- Hola, vengo porque quiero vender mi casa. Dos habitaciones, salón, cuarto de baño y cocina. Es un piso céntrico. Bajo con ascensor.

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Era una noche soleada, y sin embargo llovía.
Una rana muerta nadaba en una charca vacía.
Iba yo solo, con veinte de mis amigos…
Y oimos unos pasos extraños.
¡Era un esqueleto!

Yo saqué mi navaja, sin mango, sin hoja y sin tornillo.
Y se la clavé en el hígado izquierdo de la parte derecha.

Volví corriendo a mi casa.
Encendí la puerta.
Cerré la luz
Colgué mi chaqueta en la cama y me acosté en la percha.

A la mañana siguiente una voz me despertaba:
“Asómate a la vergüenza, hombre de poca ventana
y dame un vaso de sed, que vengo muerto de agua.”

El conde, feliz e ilusionado…

Posteado en General sobre Marzo 26, 2008 por traposucio

El conde, feliz e ilusionado, hizo las maletas. Su abrillantador de colmillos, la crema hidratante (tenía una piel muy delicada), su capa de gala y un buen cargamento de fijador capilar. Le esperaban unas vacaciones dsenfrenadas, pero sin la necesidad apremiante de cobijarse cuando Apolo, colosal, apareciese con su descaro diurno. No tendría que huir de la luz cegadora nunca más, iba al lugar de la Luna eterna.

Solo cuando aterrizó el avión se dio cuenta de que en junio, en Finlandia, no había más que sol de medianoche

PD: La agencia de viajes de entretenimiento y negocios Northern Flights se vio obligada a pagar una compensación económica y el valor de la operación de restauración de retina a Vlad III de Valaquia, más conocido como Conde Drácula, a modo de indemnización.

 

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Posteado en General sobre Marzo 26, 2008 por traposucio

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Desnuda frente al espejo, miro mi relfejo con tristeza. Bajo la luz mortecina y fría del fluorescente me parece un cuerpo ajeno y extraño. Me siento una intrusa, una ocupa de envoltorio que admiro con la cabeza inclinada y el semblante serio.

Observo y veo el lunar en la cadera, mi pecho subir y bajar con mi respiración. Recorro la forma de mis senos con el dedo índice estirado y tembloroso y me estremezco bajo su tacto ligeramente cálido.

Cierro los ojos, acaricio mi piel… el vientre levemente abultado, deteniéndome un momento en el ombligo. Cuento las costillas con los dedos. Cuando de nuevo mis párpados se abren, dejando al descubierto unos ojos vidriosos, de color indefinido y tal vez demasiado pequeños, mi vista se fija unos segundos en el abundante vello púbico, para luego deslizarse hasta mis muslos. Pálidos, muy pálidos.

Y vuelvo a estremecerme bajo mi propio tacto, sabiendo que no es el tuyo. Recordando que no vas a volver a recorrer las curvas que me envuelven con tus manos ásperas y calientes. Aborreciendo cada centímetro de mi piel suave porque soy yo la que tiene que apaciguar mi llanto, mermar mi propia soledad.

Las lágrimas no consuelan. No hacen compañía a mis mejillas cuando faltan tus labios. No hacen compañía los recuerdos. Los recuerdos ya sólo duelen.

SUICIDAL NOTE

Posteado en General sobre Noviembre 25, 2007 por traposucio

No. No me he vuelto emo, sólo que hoy la ide sonaba tentadora (y muy, muy lejana) en mi cabeza. Era tentadora por eso, porque era lejana. Porque sabía que no iba a ocurrir.
Ay… ayer. ¿Impotencia? ¿estupidez? ¿tristeza? ¿confusión? Silencio… mézclalo. Bátelo bien e inyectámelo en las venas.
Las lágrimas, primero de rabia, luego de decepción, intentaron por todos los medios salir, recorrerme la cara. Pintarla de surcos húmedos. La ausencia, y por fin la soledad, fueron su llave… y se abrieron paso mundo afuera. Qué rápido nacen las lágrimas. Más deprisa aún conocen su fin.
Cuando me hallé en el lugar idóneo, en la situación perfecta, deje de intentar retenerlas.

Fue un alivio. Jamás imaginé que lo necesitase de aquel modo… llevaba siglos sin llorar.
Todo cuesta abajo.

Últimamente Peter está muy presente en mi vida. Siempre quise ser como él, no crecer… ser pequeña eternamente.
Esta sería la única forma. Morir sin haber crecido, sin llegar a ser mayor. Morir cuando el más banal de los problemas es la más trágica desgracia. Cuando una pequeña decepción te corroe y te hace apretar la cara contra la almohada para ahogar el grito que pugna por salir, golpear el aire con puños cargados de furia. Furia que aumenta ante el fracaso de dañarlo… tonterías. Dañar el aire, a quién se le ocurre ¿verdad?
A una cría se le ocurre. A una Peter Pan frustrada con mejillas húmedas. Una Niña Perdida de ojos llorosos.
Sólo veo mi aún presente infancia en estos momentos.
Reconozco que es un respiro, a pesar de que cada vez me ocurre menos… y no es agradable, saber que todavía queda tanto de la niña que fui. Que soy.

Da igual. Da lo mismo. Te da igual y lo mismo te da. Siempre es mentira, pero siempre es lo que creo.

Sin tí las emociones de hoy no serían más que la piel muerta de las de ayer.

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Posteado en General sobre Noviembre 25, 2007 por traposucio

Atención, porque aquí empieza mi historia. Mi pedazo de mundo.
El mundo difuminado, el que deja que me sumerja en lo pasajero.
Un día abrí los ojos consciente de que sería diferente a partir de entonces. Me decepciono a mi misma a cada rato. No se si por lo cierto de la predicción o lo funesto de la certeza.
Como… ¿nunca has pensado que todo gira, gira rápido?. Como los dedos de David Helfgott vuelan sobre las teclas de su piano. Sin apenas rozarlas, pero arrancandoles un grito delicioso… desgarrador. Así de rápido.
Y tal y como todo gira, todo pasa. Todo se termina.

Y se terminó.

Este era el último. 

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¿Y qué si era un secreto a voces? Me gustaba más entonces…

Posteado en General sobre Noviembre 19, 2007 por traposucio

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Choff, plaff. Choff, plaff. Choff, plaff. Botas en la lluvia, después de dos interminables horas de francés. Paso lento y regular. Pisadas hacia ningún lugar… mi casa aún quedaba lejos y mi cabeza estaba incluso más distante. Musica en mis oidos, canciones que ni siquiera escuchaba, aunque mis labios formaban las palabras de la letra de forma inconsciente y casi mecánica. Choff, plaff. Choff, plaff. No abrí el paraguas, ni noté las gotas de lluvia resbalar mejilla abajo. Fue todo una sorpresa descubrir mi abrigo empapado. Asomó a su rostro una sonrisa chorreante.

- Voy contigo.

Choff, plaff. Choff, plaff. Choff, plaff. Ni una palabra más. Todavía volaba lejos mi pensamiento, ajeno a cuanto me rodeaba. Indiferentes su presencia y las luces navideñas que ya empezaban a adornar las calles. La sonrisa comenzaba a desdibujarse de su rostro, dejando entrever un delicioso gesto de preocupación sin demasiado fundamento. Aunque yo a penas era consciente de ello.

- No te has muerto ¿no?
- Un poco sí. – La mueca o la nota sarcástica de mi voz debieron parecerle sumamente divertidas, porque soltó un puñado de risa clara, aunque volvió a ponerse serio enseguida.
- ¿Y eso? ¿Es de esas enfermedades terminales que te matan poco a poco?
- Exacto, dos. Se llaman duda y remordimiento. Un par de buenos compañeros.
- ¿Son simpáticos? – Esta vez la carcajada salió, irreprimible, de mi garganta.
- Sí. – Un segundo. Otro más.- Pero me matan poco a poco.

Choff, plaff. Choff, plaff. El silencio no es incómodo, no cuando te pierdes en tus propias reflexiones. No si tu mente divaga, difuminando la línea entre posibilidad y realidad. Sabía que no me arrancaría ni una palabra más, y era plenamente consciente del estado catatónico en el que me hallaba.

[Continuará, pero no próximamente. Así que voy a clausurar esta historia. Hasta pronto]

Y los labios carmín, que susurran incoherencias en tu oido

Posteado en General sobre Noviembre 18, 2007 por traposucio

Se que te debo un e-mail.
Te escribí una carta. Sigue ahí, cerrada y caducada, con la dirección puesta. Me falta tu código postal, el que prometiste revelarme con una breve llamada telefónica que aún espero.
Hice una foto a mi ventana para enviártela, y ahí está, confinada en mi escritorio dentro de un sobre incompleto.
Debería escribirte. Mejor haría llamándote. ¿Te imaginas que voy a San Sebastián y te doy un abrazo?
Cuando me enamore de tí, lo haré. Prometido.
Ayer, mientras caminaba hacia el metro me acordé de tí y tu pánico. ¿Recuerdas? El primer viaje… el mejor. Ojalá hubiésemos estado enamorados entonces. Tal vez no hubiese sido tan mágico el detalle, porque habría una sombra demasiado espesa eclipsándolo. Aún así, habría sido bonito ¿no es cierto?
Toda una aventura.
Aún pienso en tu piel aspera. Esa que acaricia suave y firme. Nunca me pareció especial. No es diferente… pero es tuya.
¡No! No te echo de menos. Y tampoco entiendo por qué lo retomo.
No… no es envidia. Ni tampoco son celos.
Sólo se que entonces lamentaba que tu pelo no fuese más rizado, y tu piel más morena. Maldecía tus ojos claros. Que luz insulsa me arrastraba allí adentro, aunque nunca quise ir. Y todos los besos vacíos. Los bacios vacíos.
Tan vacíos que los añoro sin saber muy bien por qué. Nunca fue amor.
Detestaba tus palabras, el acento y la pronunciación suave. Sobre todo cuando me reía de tus chistes.
Cuando me enamore, te echaré de menos.
Sería diferente a estas alturas. Si no te hubieses empeñado tanto en distinguir el vaso medio lleno del medio vacío…
Porque todo está vacío ¿lo sabías?
¿Qué más da?
Añoro tu sonrisa cálida. Pero no me gustaría verla regresar, y que la culpa vuelva a atormentarme. Tú y tus dientes perfectos que nunca despertaron realmente mi interés. Jamás pensé en ellos si no los tenía delante. Y ahora te escribo esto, sin esperar que lo leas. Y ahora pienso en tí cuando estás a kilómetros de distancía, pintando seguramente. Tal vez inventes un poema para mis manos, o compongas una oda a mi voz.
Es injusto.
No sabes cuanto lo siento.
Y no, no puedo regresar…
Soñé contigo la otra noche. Volvíamos a estar bajo el sol abrasador de Junio, deseando la lluvia. Anhelándola en vano. El cielo era impecablemente azul. La tierra, estúpidamente rojiza. La hierba reseca y pisoteada. Sin pájaros, sin brisa que arrastrase el polvo cansado. Polvo aburrido de su estático estado.
Vaya con la brisa, qué desconsiderada.
Cuando me enamore y vaya a San Sebastián a darte tu abrazo prometido, me invitarás a chocolate caliente. Sí, seguramente hablaremos durante horas de nada demasiado interesante. Me peinarás la ceja izquierda, la rebelde, y comentarás lo roja que se ha puesto mi nariz con el frío. Todo sin dejar de sonreír. Será una sonrisa tensa. Pero tensa por la emoción, no por el esfuerzo.
No pasará sin que me enseñes los miles de dibujos de un rostro poco agraciado, de ojos pequeños y pelo castaño, que has estado haciendo, o todos los versos que te han ispirado los recuerdos de nuestros momentos fugaces. Todo ello guardado con cuidado en tu carpeta verde. La carpeta del artista, como solía llamarla en los ya lejanos momentos en los que los dos sonreíamos a menudo.
Café con leche y periódicos en aquel bar de la esquina donde ibas a parir obras de arte. Nunca te dije que tuvieses talento. No hacía falta. Me gustaba y lo sabías, pero nunca fue suficiente. Decías que mis labios te inspirarían si tuviesen color. Mmm… boca incolora. Eran chiquilladas. Los dos teníamos claro que si hubieses necesitado inspiración, la habrías buscado ahí precisamente. Bajo mi lengua, o en el hueco de una muela. Sumergida en mi saliva dulce o arriba, escondida en mi paladar.
¿A que ya no piensas en la rosa que compramos a la rumana de la falda gris? Aún esta dentro de Opiniones de un payaso. Se marchitó esperando. Al parecer, todavía huele algo…
Eso dicen.

Siento engañarte y mentirte. Mi naturaleza cosagrada a la farándula y el espectáculo me obliga a ello. Jamás iré a San Sebastián. Nunca me enamoraré. Y menos de tí.

Posteado en General sobre Octubre 13, 2007 por traposucio

El caos vivia dentro de una caja de zapatos. Me gustaba ir desliando la madeja, poco a poco. Con tiento, con tacto. Con mucho, mucho cuidado. Comprenderlo necesitaba mucha atención, demasiado tiempo. Pensaba que valía la pena, al fin y al cabo, lo estaba consiguiendo.

Un día, hastiada, volqué la caja de zapatos, y me sumergí en el caos.

Aguarda, amargo.

Posteado en General sobre Octubre 11, 2007 por traposucio

Allí donde está, piensa amargo. Amargo desea. Sin sentido, sin justicia. Sin tiento ni tacto. Allí donde subsista su esperanza. Donde quiera que sus dedos martilleen tus lamentos, allí aguarda amarga espera.

Piensa, miente, mente. Miscelánea de recuerdos. Desordenado y confuso. Caótico.

Sonidos arrancados sin tu consentimiento. Una carcajada, tal vez dos. No importa si te gusta, si disfrutas. No importa si el sopor desaparece o si la sombra se hará luz. Si tu susurro boreal despierta dudas, reaviva el interés. Otro suspiro, un gemido, un llanto. No importa si te vuelcas, no importa si te caes. Y nunca importó.

Miscelánea de recuerdos. Mixtura grotesca de imágenes. Mezcolanza de momentos. Ridículo.

Jamás lo sabrás. Y no intentes entenderlo.

 

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